Salud: lo que dice la evidencia
Durante décadas se repitió que una copa diaria protegía el corazón. La investigación reciente ha matizado —y en gran medida desmontado— esa idea.
Riesgos documentados
- Cáncer: aumenta el riesgo de cánceres de mama, colon, hígado, esófago, cavidad oral, faringe y laringe, incluso a dosis bajas.
- Hígado: hepatitis alcohólica, esteatosis, cirrosis.
- Sistema cardiovascular: hipertensión, arritmias, miocardiopatía. El supuesto efecto protector cardíaco no se sostiene tras controlar otros factores.
- Salud mental: aumenta el riesgo de depresión y ansiedad, e interfiere con su tratamiento.
- Sueño: reduce el sueño REM y fragmenta la arquitectura del descanso.
- Accidentes: factor en una parte importante de siniestros de tráfico, laborales y domésticos.
El gradiente del riesgo
Riesgo y cantidad se relacionan de forma continua: más consumo, más riesgo. No hay un umbral mágico por debajo del cual el alcohol sea inocuo, pero tampoco la copa ocasional convierte a nadie en paciente. La proporción importa, y la honestidad también.
Beneficios discutidos
Algunos estudios antiguos sugerían beneficios cardiovasculares del consumo moderado de vino tinto, atribuidos a polifenoles como el resveratrol. Estudios posteriores con mejor metodología (Mendelian randomization, controles ajustados) han mostrado que esos beneficios eran probablemente artefactos: las personas que bebían moderadamente solían tener otros hábitos saludables. El resveratrol, además, está presente en uvas, arándanos y cacahuetes —sin etanol—.
La pregunta correcta ya no es "¿cuánto vino es bueno?", sino "¿cuánto puedo beber sin asumir un riesgo que no quiera asumir?".